


Lo que se pensaba hasta ahora, en concreto, era que una sociedad tenía que hacerse fuerte económicamente y generar excedentes agrarios para empezar a manipular el oro; que solo los núcleos social y políticamente complejos eran capaces de generar unas élites que dieran apoyo material y financiero a los orfebres; en resumen, que utilizar el oro para la fabricación de joyas era un síntoma de prosperidad. Y es difícil ver algo así en las sociedades que en la cuenca del Titicaca sobrevivían de la caza y la recolección. "El uso de artefactos de oro como símbolo social empezó mucho antes de que surgieran sociedades más complejas", reza el artículo que los cuatro antropólogos acaban de publicar en EEUU.




Lo que de momento no se ha encontrado en Jiskairumoko son las herramientas de los orfebres. Unas herramientas que, de ser halladas, tendrían probablemente 600 años más de antigüedad que las que se conocen ahora. Así de antiguo es el collar.
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